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Desde la cabaña

March 21, 2017
By Luis e Inés  (Reserve Managers Jan- Mar 2017)

 

Estando sentado en el porche de la cabaña no es difícil darse cuenta del privilegiado lugar en el que nos encontramos. Tras recorrer durante 45 minutos el sendero de entrada se llega al puente colgante que da acceso a la Reserva Las Tangaras, al otro lado del río Nambillo. El tramo final de escaleras en subida requiere un último esfuerzo que se ve recompensado al llegar al bonito jardín de la cabaña de madera. Una vez sentados en el porche llega el momento de relajarse y disfrutar del verde paisaje que invade nuestro campo de visión.

El murmullo del río y el canto de los pájaros ayudan a recuperar la serenidad aunque hay que mantener siempre los ojos abiertos. Si eres un apasionado de la naturaleza y los animales existe la posibilidad de observar una gran variedad de especies simplemente estando sentado en el porche.

Los colibríes son visitantes permanentes desde primera hora de la mañana pues acuden puntuales a los bebederos de agua con azúcar que colocamos alrededor del porche. Las especies que pueden avistarse varían según los meses aunque entre las más comunes se encuentran el Brillante Coroniverde (Heliodoxajacula), el Zafiro Coroniverde (Thalurania fannyi) y el Colibrí Punta Blanca Pechipúrpura (Urosticte benjamini). Así mismo, tal y como indica el nombre de la Reserva, también pueden observarse gran cantidad de Tangaras de pequeño tamaño y de todos los colores.

Colibries

Colibríes en el bebedero

Además contamos regularmente con la presencia de Momotos Piquianchos (Electron platyrhynchum), también  conocidos como  relojeros debido al movimiento de su larga cola como el péndulo de un reloj de pared cuando se posan. Su gentil y silencioso vuelo capta la atención de cualquiera pues poseen un colorido patrón que hacen de su avistamiento un evento espectacular. Más ruidosos son los Tucanes, las Pavas y los Gallitos de la Peña que dejan oír sus cantos por todo el valle y permiten desvelar su localización en la densa vegetación verde.

Momotos couple

Pareja de Momotos Piquianchos

En cuanto a mamíferos, tenemos otro pequeño vecino que anda siempre merodeando en busca de comida por el jardín. Se trata del Aguti o Guatusa (Dasiprocta puntactata), un pequeño roedor de unos 35cm que tiene por habito esconder los frutos que encuentra para volver a por ellos cuando escasea la comida. Suele olvidar donde entierra su despensa  por lo que contribuye así a la dispersión de semillas en el bosque. Cierto es, que suele hacer el mismo recorrido para encontrar su almuerzo a diario pero es además porque tiene su madriguera cerca de la cabaña. También se pasean por el jardín sin ningún temor el Coatí (Nasuella olivacea) y la Paca (Cuniculus paca) aunque esta última tiene hábitos nocturnos y hay que madrugar para poder descubrirla antes del amanecer. Otro mamífero que escarba en la oscuridad buscando raíces, bulbos e insectos es el armadillo de nueve bandas (Dasypus novemcintus) y deja continuamente el rastro de sus agujeros por el jardín y los laterales de los senderos.

Coati

Coatí paseando por el jardín

Los múltiples senderos con lo que cuenta la Reserva ofrecen caminatas para todos los niveles. Partiendo de la cabaña a unos 1400 metros hasta llegar a los límites del bosque protector Mindo-Nambillo a unos 1800 metros de altitud. Por ellos se puede caminar cerca del río y disfrutar de varias pozas de agua para bañarse con agua cristalina procedente de las siete cascadas que recorren el río Nambillo a su paso por la Reserva. También cerca del agua pueden observarse variedad de aves acuáticas como el Cinclo Gorriblanco (Cinclos leucocephalus) que vuela de roca en roca capturando pequeños gusanos y, el Pato Torrentero (Merganetta armata) que suele posar en las piedras en medio del río. Además, si se tiene suerte, puede observarse la Nutria de río (Lontra longicaudis) pescando y disfrutando de las olas que crea el agua en su encuentro con las grandes rocas del río.

Si comenzamos a subir un poquito en altura podemos ver como la distribución de aves va cambiando ligeramente hasta llegar a los 1500 metros de altitud donde se puede disfrutar de una de las maravillas de Mindo: el LEK o zona de exhibición del Gallito de la peña (Rupicola peruviana). Los machos se reúnen dos veces al día, al amanecer y atardecer, durante todo el año para realizar una serie de sonidos y danzas para llamar así la atención de las hembras.

gallito

Gallo de la peña, macho

Sin duda alguna a lo largo de los senderos de la Reserva se puede disfrutar de cientos de aves diferentes, desde pequeñas Bataras a los increíbles Trogones y Quetzales. Pero incluso sin moverse de la cabaña puede apreciarse la gran diversidad de flora y fauna que caracteriza la región del Chocó en la que nos encontramos.  Una maravilla de la naturaleza a poco mas de una hora a pie de Mindo y a dos horas en Bus de Quito.

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